Editorial: No estamos solos

Editorial: No estamos solos

No estamos solos

No estamos solos

Con una pandemia declarada se ha disparado en nuestras comunidades la incertidumbre, el aburrimiento y la angustia. En este escenario de altibajos emocionales, muchos nos hemos descubierto conmovidos e incluso riendo frente a las imágenes de los canales de Venecia transparentes, los animales entrando a las ciudades e incluso Santiago sin smog, como resultado de la disminución del ruido y la contaminación provocada por nosotros mismos.

Estas imágenes nos dan paz y esperanza, dejando entrever algunas cosas que, pudiendo ser obvias, no lo son tanto: 1) que la naturaleza se conecta con nuestras vidas y emociones y 2) que olvidada esa conexión nos hemos convertido en la especie más amenazadora de todas.

Tal como dice Yayo Herrero, la humanidad (capitalista y patriarcal) ha olvidado que lo que requiere un mundo de cuidados es poner la vida en el centro. Ello, no solo porque actualmente importe más el crecimiento económico que la vida de las personas, sino porque, al menos desde el humanismo renacentista en adelante, hemos decidido que lo único que es relevante para nuestras vidas somos nosotros como humanos “individuales”.

Los humanos vivimos solos. No sabemos compartir con el resto de las especies y a penas sabemos querernos entre nosotros. Y ello no es una sentencia fatalista. Es la consecuencia natural de un ethos (aquellas prácticas e ideales que guían a nuestra comunidad) patriarcal, individual y extractivista en que el interés común se erige como un bien preciado, pero secundario, frente a los intereses particulares. Sin embargo, este ethos, aunque hegemónico, no es definitivo. Podemos y debemos disputarlo día a día para cambiar el espíritu de nuestra comunidad, siendo el trabajo armónico y organizado el único que puede lograr este cometido.

Guardando las proporciones, la crisis sanitaria puede ayudarnos en esto. Esta pone en jaque nuestras formas de vida, porque nos fuerza a pensar en “nosotros como comunidad” y no en “nosotros como individuos”. No estamos solos, está nuestra familia, vecinos, amigos, colegas, compañeros en el Transantiago, en la feria y en el supermercado. Pero, además, cada vez que vemos esas imágenes de aguas cristalinas y de animales en las ciudades y nos descubrimos esperanzados con la naturaleza, la crisis sanitaria nos fuerza a pensar que el concepto de comunidad es expansivo y que en él deben caber los demás seres vivos.

Sin duda la tarea no es fácil, pero podremos pensar en otros mundos posibles cuando seamos capaces de trabajar por cambiar nuestro ethos. Cuando entendamos que no basta con enternecernos porque un puma apareció en el medio de Santiago, ni basta tomar medidas para cuidarnos a nosotros mismos. Cuando entendamos que conectados con la naturaleza lo colectivo es más relevante que lo individual y que, para nuestra fortuna, no estamos solos.

 

Victoria Belemmi

Abogada de la Universidad de Chile. Diplomada en Derecho Público Económico Universidad de Chile. Actualmente trabaja en ONG FIMA en el área de litigios y es socia fundadora de Izadi, dedicada al área de Educación e información ambiental.

 

Deja una respuesta